Perspectiva: A veces mis pacientes traen un acompañante en su visita al consultorio. En ocasiones, eso es un error.

A veces es buena idea llevar a un amigo cercano o familiar a una cita con el médico. Pueden brindar apoyo y otro punto de vista. Pero no siempre es el caso.

Dos manos buscandose
Dos manos buscandose
Photo by Rémi Walle

Cómo urólogo he descubierto que hay ocasiones en las que mis pacientes se arrepienten de llevar a alguien con ellos.

No todo el mundo sabe lo que hacen los urólogos y muchos que conocen la especialidad piensan que solo tratamos a hombres. Pero los urólogos ven a hombres y mujeres por una variedad de afecciones relacionadas con el tracto urinario, la salud de los riñones y los genitales masculinos. Por ejemplo, para ambos sexos veo de todo, desde infecciones del tracto urinario hasta cálculos renales y cáncer de vejiga, entre otras afecciones. Pero para mis pacientes masculinos, soy el único médico que consultan para valorar sus genitales.

La persona con la que habla sobre sus órganos reproductivos a menudo, se convierte en algo mas que un médico que lo examina y lo trata. Esa persona puede convertirse en un confidente, alguien en quien confiar para dejarlo entrar al espacio más íntimo de su vida.

Cuando el estrés es un factor en mi diagnóstico y tratamiento, por ejemplo, en el caso de disfunción eréctil o infertilidad masculina, hablo con mis pacientes sobre su vida laboral y familiar, así como sobre sus pasatiempos. Indago sobre el aspecto personal y profesional, debido a esto nuestra relación va mas allá del aspecto médico.

Para mis pacientes masculinos, a veces soy la única persona con la que sienten que pueden conversar sobre los detalles profundamente personales de salud y su vida sexual. Estos detalles pueden variar desde cáncer hasta disfunción eréctil, preferencia sexual, problemas de infertilidad y enfermedades de transmisión sexual.

La privacidad es un pilar fundamental de la medicina, es primordial en la relación médico-paciente. Para hacer mi trabajo lo mejor que pueda, necesito establecer una relación con mi paciente basada en la confianza mutua: confío en que me cuenten todo lo que esta sucediendo y que responda a mis preguntas con honestidad y ellos confían en mí con su salud y privacidad.

En ocasiones mi pacientes vienen acompañados a mi consultorio pensando que requieren apoyo, a medida que avanza la cita, nos damos cuenta que deberían de haber venido solos. Los pacientes comienzan a moverse en sus sillas cuando les pregunto su su historia clínica, especialmente si esas preguntas involucran a la otra persona en el consultorio (su pareja). Otras veces, la pareja o acompañante del paciente quiere contestar o dirigir las respuestas del paciente a mis preguntas, lo que es molesto tanto para el como para mí ya que entorpece el diálogo y anula el propósito de la consulta.

Recientemente traté a un paciente de alrededor de 20 años que vino con su padre quejándose de dolor testicular y una sensación de ardor al orinar. Esto significó que tuve que seguir un protocolo que incluye su historial sexual y considerar las enfermedades de transmisión sexual como una fuente potencial de malestar.

Cuando comencé a hacerle preguntas a mi paciente sobre si había tenido relaciones sexuales sin protección, se sintió visiblemente incómodo. Entonces, le pedí a su padre que se fuera, lo que el padre se negó a hacer. Basándome en los síntomas de mi paciente, lo traté por una ITS común y lo programé para una visita de seguimiento, con la esperanza de que viniera solo para que pudiéramos hablar más abiertamente. Si mi paciente siente que no puede revelarme todos los detalles de su salud, entonces es más difícil hacer mi trabajo y encontrar el diagnóstico y tratamiento adecuados.

De manera similar, una pareja casada me vio recientemente por que mi paciente quería hacerse la vasectomía. Su esposa estuvo presente mientras yo le explicaba el procedimiento a su esposo. Preguntó si la vasectomía era reversible y empezaron a discutir en mi oficina sobre por qué querría revertír el procedimiento ya que habían decidido no tener más hijos.

La visita terminó con la esposa acusándome de ocultar los secretos de su esposo y diciendo que yo “era de su equipo”. Mi paciente se fue con aire mortificado y disculpándose conmigo, su esposa se fue visiblemente molesta.

Claro que yo soy del equipo de mi paciente, hice el juramente de guardar secretos y no hacer daño. Mi primera obligación es siempre con mi paciente. Tiene derecho a ser informado de manera precisa y completa sobre las consecuencias de sus decisiones médicas, y siempre que no sea menor de edad, tiene derecho a ver al médico solo. Punto.

La urología se presta a muchas bromas por que involucra los genitales y eso puede incomodar a las personas. Lo entiendo, realmente lo entiendo. Pero también me tomo muy en serio lo que hago y necesito que mis pacientes aprovechen al máximo su tiempo conmigo.

La mayoría de las personas que vienen a ver a su urólogo simplemente no pueden hablar sobre su salud con nadie mas que con su médico. Y es su derecho poder hablar libremente con su médico, sea cual sea el problema o inquietud.

Por lo tanto, si no esta dispuesto a ser abierto y discutir todo lo que el médico pueda preguntarle o decirle frente a la persona que trajo a su cita, es mejor que venga solo.

Originalmente publicado en el Washington Post https://www.washingtonpost.com/health/sometimes-my-urology-patients-bring-a-companion-with-them-to-their-office-visit-sometimes-thats-a-mistake/2020/02/21/2ba7b22a-5343-11ea-9e47-59804be1dcfb_story.html

Urologist in the Mexican Navy & member of the American Urological Association. Bylines: Washington Post, PBS Next Avenue, Independent UK & Healthline.

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