Tenemos que platicar de la epidemia de infecciones de transmisión sexual (ITS)

Combatir la epidemia de Infecciones de transmisión sexual: Necesitamos un enfoque renovado en los mensajes de salud publica con respecto a la salud sexual y reproductiva.

Por el Dr. Marcos Del Rosario Santiago, Urólogo.

El embate de la pandemia del covid-19 ha presentado a los Estados Unidos y a otros gobiernos una rara oportunidad para detener una epidemia silenciosa de una década: el aumento continuo de las infecciones de transmisión sexual. Ha habido un aumento progresivo de las ITS en los EE. UU. pero durante años no ha existido una respuesta apropiada por parte de las autoridades de salud publica. Con un enfoque renovado y recursos monetarios dirigidos a los mensajes de salud pública debido a la pandemia de coronavirus, por primera vez en mucho tiempo, EE. UU. ha reencontrado la importancia del impacto real de estos mensajes. Las autoridades norteamericanas están a tiempo para detener otra crisis sanitaria: Las altas tasas de contagio de ITS.

Desde que inicie mi practica urológica, he observado un aumento continuo en el número de pacientes con infecciones de transmisión sexual (ITS). Y estoy lejos de ser el único en notar tal repunte. Según los últimos datos proporcionados por la CDC, en 2019, las tres enfermedades de transmisión sexual más comunes alcanzaron niveles récord por quinto año consecutivo en los EE. UU. Desde 2014, los casos de clamidia han aumentado en un 19% (1,8 millones de casos), gonorrea en un 63% (583.405 casos), sífilis primaria y secundaria en un 71% (35.063 casos) y sífilis congénita (transmisión de madre a hijo) en un 185% (1.306 casos). Según datos de la OMS, más de un millón de personas contraen una ITS todos los días.

foto de condón masculino
foto de condón masculino

En México, antes de que el covid-19 azotara al país estábamos expuestos y acostumbrados a un flujo constante de mensajes por parte de las autoridades sanitarias los cuales eran inteligentes y pegajosos sobre enfermedades transmitidas por mosquitos, la importancia de las vacunas y ahora, la importancia de la higiene personal con la pandemia de coronavirus. Pero al igual que en los EE. UU., al menos a nivel nacional, los mensajes de sexo seguro y la financiación parecen estar en gran parte ausentes, incluso cuando las tasas de infección continúan aumentando.

He pasado un tiempo considerable al otro lado de la frontera y recuerdo que durante los años 80 y 90 siendo yo un niño y adolescente, las campañas de salud sexual tanto en Estados Unidos como en México eran agresivas y tuvieron el efecto deseado: las imágenes, los anuncios sobre planificación familiar y educación sexual quedaron muy grabadas en mi mente: la campaña “wrap it up” (protégete, cúbrete) para el uso de condones, y para la prevención y detección del VIH y otras ITS fueron claras, agresivas y repetitivas. Cuando era niño y luego cuando era joven, recuerdo que había un miedo generalizado entre amigos y conocidos por contraer VIH o alguna otra infección de transmisión sexual y, desde luego, a un embarazo no deseado.

Durante mi formación como medico general al estar asignado como medico pasante en un centro de salud en una comunidad indígena (y en toda la jurisdicción sanitaria de la región que dependían directamente de la secretaria de salud estatal y federal) los programas de prevención de enfermedades de transmisión sexual y el uso correcto de condones continuaban. Tanto las enfermeras de mi clínica como yo dábamos platicas a la comunidad sobre estos temas, los cuales estaban calendarizadas dos o tres veces al mes. Parte de los insumos que me enviaba el gobierno además de medicamentos, gasas, papillas etc, incluía bastantes cajas de condones para repartir de forma gratuita.

En los Estados Unidos, los mensajes sobre el sexo seguro y la planificación familiar comenzaron a decaer a fines de la década de 1990, cuando los programas de abstinencia financiados con fondos federales reemplazaron a los programas de educación sexual más sólidos. Quizás parte del problema es que damos por hecho que los jóvenes son capaces de informarse gracias al acceso masivo a internet, pero las redes sociales e internet también son una de las principales fuentes de desinformación. Y sin supervisión sobre la importancia de tomar decisiones sexuales informadas, el mosaico de mensajes y recursos de salud sexual ha llevado a grandes disparidades raciales y socioeconómicas en la conciencia de salud pública y otros indicadores de salud. Precisamente las mismas disparidades que estamos viendo en las comunidades minoritarias y de menores ingresos en los EE. UU. con COVID-19.

Algunos de los pacientes que acuden a mi consulta con diagnostico de ITS tienen múltiples parejas sexuales y solo usan condones de manera intermitente, veo ese comportamiento con pacientes de todo el espectro socioeconómico. A menudo escucho de pacientes que no se preocupan por usar condón porque “la mayoría de las ITS son curables”, lo que me horroriza como médico porque eso no es cierto. En primer lugar, solo algunas ITS son curables y, en segundo lugar, incluso después de que se curan, pueden dejar secuelas en los pacientes, incluido el dolor crónico y la infertilidad.

Como le hemos recordado a la población mundial durante la pandemia actual, no se trata solo de curarse, sino de la responsabilidad de no infectar a otras personas. Eso también se aplica a las ITS. Si bien la cura para el COVID aún puede ser difícil de alcanzar, sabemos exactamente cómo controlar y minimizar la epidemia de ITS y es increíblemente simple: educación sexual y uso de condones. Desafortunadamente, por una serie de razones, el tema de la educación sexual se ha politizado y polarizado, mientras que los programas de educación sexual en las escuelas se ven obligados a competir por recursos limitados con otros mensajes de salud importantes como el suicidio, el acoso, y las adicciones.

Las agencias gubernamentales locales, estatales y federales deben aprovechar esta inercia de los mensajes y recursos de salud pública para crear campañas que promuevan programas de educación sexual a profundidad para jóvenes y adultos, abordando este problema desde un punto de vista que incluya la educación sexual no heteronormativa. Así como estrategias para llegar a áreas geográficas remotas y contextos culturales y situacionales diversos. Además, la educación sexual, eje fundamental para la prevención de las infecciones de transmisión sexual, debe ir acompañada de políticas públicas que brinden acceso a la salud reproductiva para mujeres y niñas. Estos programas no solo evitarían un mayor contagio de ITS, sino también los embarazos no deseados y los riesgos de abortos clandestinos y sus complicaciones. Con la pandemia de covid-19 que pone en mayor riesgo la salud de las niñas y mujeres al limitar su acceso a proveedores de atención médica y anticoncepción, los recursos y la educación sobre salud sexual son más importantes que nunca.

Con un gasto renovado y un enfoque en los mensajes de salud pública debido a la pandemia de COVID, los gobiernos tienen una ventana única de oportunidad para recordar a la población que cuidar su salud sexual debe ser una preocupación principal. Como médico, solo espero que no sea demasiado tarde.

*** El Dr. Marcos Del Rosario Santiago es urólogo en la Secretaría de Marina — Armada de México, certificado por el Consejo Nacional Mexicano de urología, es miembro de la American Urological Association, y ha publicado en medios como el Washington Post, Independent UK, PBS y Healthline. Todas sus opiniones son personales.

Urologist in the Mexican Navy & member of the American Urological Association. Bylines: Washington Post, PBS Next Avenue, Independent UK & Healthline.

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